Quiero compartir contigo una de mis últimas experiencias vitales.
Volvía yo todo contento del Puente de la Inmaculada (en Italia el 8 de diciembre también es fiesta), volviendo a la normalidad laboral de todas la semanas, cuando suena mi teléfono con la melodía de Muchachada Nui. Recibo la llamada de mi caja de ahorros (de una empleada) y me pregunta si he estado en Sofía, Bulgaria. Vale que me fui de puente casi hasta Austria (muy bonito el Trentino-Alto Adige/Süd Tirol, valles alpinos y nivel de vida austriaco, con mercaditos de Navidad (Christkindlmarket) muy cucos y muy típicos, ya que solo faltaban los bastones de caramelo esos rojos y blancos) pero no hasta Bulgaria.. Sigue interrogándome la amable señora sobre los movimientos de mi tarjeta y llegamos a la conclusión de que han clonado mi tarjeta de crédito y han realizado varias operaciones ilícitas: primero comprobaron que la tarjeta funcionaba, ya que realizaron una llamada a cargo de “mi tarjeta”, y después compraron algo en una población búlgara llamada Dupnitza, cerca de Macedonia, por un importe de 1012,20€, mitad a débito mitad a crédito. Visto que todo iba de puta madre, intentaron sacar 205,33€ de un cajero, pero como no tenian el PIN (vaya ladrones de pacotilla, ¡ja!) no pudieron obtener el dinero. Todo esto el día 3 de diciembre, mientras yo seguía feliz en mi desconocimiento pre-puente.
El día 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción (inciso: inmaculada concepción el 8 de diciembre; Jesús nació supuestamente el 24 de diciembre, por lo tanto…
a) María estuvo gestando 12 meses y 16 días;
b) Jesús evolucionó en un embarazo récord de 16 días;
c) “Obra de Dios”
d) “No tienes ni idea: el calendario gregoriano por el que nos regimos fue modificado en 1517… bla bla bla”;
¡Comodín del público! los estafadores volvieron a intentar utilizar mi tarjeta, supongo que para celebrar el día festivo, yéndose de compras por Sofía a un sitio más bien caro, tipo Carrefour o algo así, ya que intentaron pagar la cifra de 1010,61€ (mucho turrón y mazapán; diría que hasta compraron Jack Daniel’s). Para su desgracia, como no llego a mileurista, no tenía esa cantidad de dinero en la cuenta (supongo que pensarían que le habrían copiado la tarjeta a Tita Cervera o a alguien con pastaca, porque pensar que podían gastar 1000€ diarios…). No se dieron por vencidos y dejaron la mitad del turrón y el Jack Daniel’s (cogieron Ballantines con el vaso de regalo) para rebajar la cuenta a 500,71€, pero ni por esas (seguro que encima me maldijeron por no tener más dinero en la cuenta). Al final desistieron y fueron a mangar bolas de coco a granel a Mercadona.
El día 9 mi caja también volvió de puente y empezó a revisar las operaciones (me pregunto cómo se darán cuenta de estas cosas:
a) Tienen a alguien espiando los movimientos de las tarjetas (¿¡Protección de datos!?);
b) Los rumanos y los búlgaros tienen tan mala fama que los bancos controlan todas las transacciones que se realizan con sus productos en esos países;
c) los ladrones llamaron al banco porque tenían un problema con “su” cuenta y no podían sacar dinero del cajero;
d) mmm “Obra de Dios” y dieron con el pastel.
¿Qué sucede ahora? Pues que mi tarjeta ha sido anulada, con lo que me quedo sin tarjeta de crédito durante un tiempo, que el banco tiene que hacer un montón de papeleo para reclamar al seguro que me devuelva el dinero que he perdido/me han sustraído y tengo que poner dos denuncias en la policía italiana y en la española. Sobre esto último, sobre la denuncia, voy a dar un palito a la policía italiana: esta mañana he ido a las 8:30 a poner la susodicha denuncia. Llevaba la documentación que me habían pedido el día antes y todo bien. Llego allí y me dicen que espere, que ahora llega el comisario. A los 5 minutos llega un tío con un careto muy contrariado: resulta que le han robado el scooter (qué putada, por cierto). También le dicen que espere. Al cuarto de hora llega el comisario y tras preguntarnos por qué estábamos allí decide que el de la moto es más importante (en cierto modo es verdad, porque mi tarjeta está anulada y ya no pueden gastar más, pero uno no va a las 8:30 de la mañana a comisaría por gusto, tendrá otras cosas que hacer, como ir a su trabajo a las 9). Entran los dos al “despacho” del comisario (esa comisaría no tiene puertas, es un espacio abierto con estancias interconectadas por pequeños pasillos en la planta baja de un palacio del siglo XV) y están allí la friolera de 40 minutos. Tardan tanto, no porque el procedimiento sea larguísimo, sino porque el señor comisario es un paquete escribiendo con el teclado (“dosdedista” parsimonioso para que nos entendamos). Bueno, son las 9 y media, llevo allí una hora esperando, yo cada vez más harto de esperar (pocas cosas me gustan menos de tener que esperar porque sí, sobre todo teniendo el día largo que tenía por delante), y finalmente oigo que me llama el comisario. Conmigo está otros 40 minutos, eso sí, incluyendo las llamadas que recibe al móvil y que no duda en responder (a la segunda vez yo he llamado a la empresa para organizar un poco las cosas que tenía que hacer, no iba a ser menos). Así que, en definitiva, un rollo. Espero que cuando tenga que denunciarlo en España haya al menos dos policías con los que se pueda hacer la denuncia, porque esa es otra: a las 9:50 ha llegado el segundo comisario, no fuera a ser que se perdiera su desayuno, porque no venía de hacer deporte, eso seguro.
Al final, ante esta situación, la clonación de tarjetas de crédito, existe un protocolo bien definido. Por lo menos el cliente está protegido, en cierta manera, ya que para eso están los seguros que contrata el banco. Pero se te queda una mala sensación en el cuerpo… Encima no se dónde ni cómo han podido hacerse con mi tarjeta; la última operación que realicé fue una compra en una tienda Tim, el equivalente a MoviStar en Italia. Dudo que me la hayan copiado ahí, pero todo puede ser… Lo más probable es que en algún cajero hubiera instalado un cacharrito que copia la banda magnética de la tarjeta y transmite los datos al malvado de turno. Espero y deseo que no haya sido en Internet (¡Nooooooooo! ¡Interneeeeeeeeet! Enjuto Mojamuto dixit), ya que tampoco he realizado compras fuera de sitios en principio seguros (Ryanair, EasyJet…). Por si acaso, a partir de ahora utilizaré las tarjetas virtuales que ofrecen los bancos. Aunque a todos nos caen mal, creo que para los temas de seguridad online deberíamos hacerles caso.
Esto sucede en todos lados, no solo en Italia. No pretendo que te entre la paranoia de no usar la tarjeta, solo cuento lo que me ha pasado a mi y a alguna otra gente. Por suerte, el cliente al que le sucede está cubierto y al final recuperas todo lo que te quitan. Aunque por otra parte, te das cuenta que los ladrones evolucionan, y cómo…
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Respuesta: B, que pa’eso es Dios
buen estilo, buen humor, buena estrategia
me he reído varias veces
)
tronko, que reputada…
pero se solucionará y será otro hito en tu guerra con las tarjetas de crédito, que se de que estamos hablando….
un abrazo
Madre mia, qué odisea!
Menos mal que vas a recuperar todo…
Te aconsejo lo de la tarjeta virtual de coordenadas, no es tan engorroso hombre
Es verdad, no me acordaba de la tarjeta Maestro de Limerick… jejeje
Enrique, me encantan tus incisos XD
:D:D
Yo también creo que la respuesta es la B
Como probablemente ya te conté, a mí me pasó algo parecido en Madrid, un ladrón (mas bien, un mago) en la metro cogío mi cartera, sacó 200 euros y la tarjeta de credito… En un día gastó 1500 euros en una tienda de San Sebastián de los Reyes… Afortunadamente la policía española es mejor que la italiana y tardaron muy poco en hacer la denuncia, así como el banco y el seguro en devolverme los 1500 euros… Suerte que tenía la PostePay (la recargable de correos) con un poco de pastita…
Espero que sean tan rápidos también en tu caso.
De todas formas, en mi opinión la respuesta es Jesucristo A… Si a la virgen se le considera como “semidiosa”, no hace falta decir que tuvo un embarazo de mas de 12 meses (tenía que dar la luz al hijo de Dios, no nos olvidemos!) sin tener ni dolores ni barriga!